lunes, 31 de enero de 2011

cuentos cortos para jamas ser leidos

Y hoy comenzaba un nuevo dia. Lo dejo dormido a su lado mientras ella se sentaba para desperezarse. Lo miro, todavía dormía como si nada. Agarro sus cosas y se fue. Hoy también había que caminar, entonces camino hasta el puente, lo cruzo y en la otra punta encontró esos amigos de la vida que uno conoce por el camino. Se saludaron, charlaron un poco y decidió seguir su camino. Transcurrió la mañana y no había un peso ni siquiera al medio dia, horario pico. Al pasar entre los autos, los hombres la denigraban con piropos baratos que seguramente escucharon en esos bares caretas del centro.

Cuantas expresiones corrian por sus ojos a lo largo del dia, cuando caminaba entre los autos. Disgusto, incomodidad, asco. Otros simplemente levantaban el vidrio polarizado de su auto. Pero los niños no eran asi. Aunque no tuvieran una moneda, daban su mejor sonrisa, su mejor cara de asombro…pero se perdían por el camino. Sin monedas, sin sonrisa pasaba el medio dia. Llegaban amigos, charlaban un rato y se colgaban en humos.

Asi pasaba la tarde, engañando al estomago para que no haga mas ruido y con los ojos rojos…no por el humo, sino por la rabia y el llanto contenido desde hacia quien sabe cuando. Mas caras de asco, mas lentes oscuros en autos importados, mas vidrios polarizados subiéndose, menos niños, mas piropos baratos, menos gente por la calle, mas vacio.

Un “mi amor” quedo flotando en su mente. ¿Qué saben ellos de amor? Confunden el sexo de una noche con amor. No tienen respeto por ellos mismos, ni por sus hijos, ni por sus mujeres, menos lo tienen por mi, penso.

La furia se convirtió en tristeza, tristeza por el ser humano, por su degradación, por su vida acelerada, por no tomarse el tiempo necesario para encontrar el amor de sus vidas y sentar cabeza. Tristeza porque se sentía sucia, la hacían sentir sucia. Se detuvo un auto. Sintió la frase y un dique se rompió dentro suyo…volvió a llorar.

Agarro sus cosas y camino. La noche no se dignaba a mostrarle ni una sola estrella. No le importaba…¿Qué mas podía salir mal? Desahuciada de sentimientos, camino como dopada por la ciudad. Paso por bares para ver si algo podía vender. Mujeres de zapatos sarkany y pantalones ona saez la miraban, y apenas se daba vuelta, empezaban a cuchichear entre ellas y reian a mas no poder, mientras en el umbral del bar y la vida real, resbalaba una lagrima por su mejilla.

Siguio caminando de bar en bar, donde siempre pasaba lo mismo, pero ya no caian lagrimas. Quedaban dentro goteando sobre el corazón. Camino hasta la parada de colectivo, donde se sento en la puerta de la casa. Estaba tan ensimismada que no oyó cuando una señora con un perro, que había sacado a pasear, le dijo si podía moverse para poder entrar a su casa. Saliendo de su embotamiento agarro sus cosas y se levanto. Una desgracia del destino ocasiono que no vea la sonrisa que la señora le había dedicado.

Pasaron minutos, tal vez horas hasta que llego. Un poco mas pequeño que ella llegaba con su mochila y una botella con jugo él. Los ojos hinchados de ambos impidieron que se reconocieran inmediatamente. Cuando se vieron, el colectivo llego. Subieron y se sentaron. Iban los dos ajenos al mundo del otro. Le pregunto a ella como le fue, cuando ya habían andado un buen trecho. Ella contesto que como siempre…solo que esta vez ya estaba cansada. Como respuesta obtuvo un abrazo y un beso en la frente. Todo el cansancio y el dolor desapareció con un te amo que se dijeron al mismo tiempo sin abrir la boca. La relación esta repleta de sobreentendidos. No hacia falta hablar a veces, la voz interrumpe la hermosura de escuchar respirar al otro.

Se bajaron del colectivo, no sin antes agradecer al chofer por no cobrarles. Caminaron como pudieron bajo el frio los tres kilómetros hasta su hogar. Cuando llegaron hacia mas frio adentro que afuera.

Con un trozo de pan de ayer y el jugo que quedaba esperaron.

Sono una cañita, sono una bomba de estruendo, sonaron las doce. Se encontraron las miradas y se fundieron en un abrazo.

“feliz año nuevo” se dijeron. Agregaron “te volvería a elegir una y mil veces”. Hicieron el amor para ganarle al frio y se durmieron abrazados.

A la mañana siguiente, él fue el primero en despertar. La encontró dormida en sus brazos, muerta. La llamo sin respuesta y lloró. La abrazo bien fuerte contra él y se dispuso a seguirla.

Esta fue una historia que nadie lloró…salvo quien supo verla.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

qué hermosa historia.muy triste por cierto! piu avanti mi amigo!!!